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Finisterra - Revista Portuguesa de Geografia

versão impressa ISSN 0430-5027

Finisterra  no.117 Lisboa ago. 2021  Epub 01-Ago-2021

https://doi.org/10.18055/finis23821 

Artigo

Nuevas fronteras de la movilidad y de las migraciones: un análisis teórico-empírico.

Novas fronteiras da mobilidade e da migração: uma análise teórico-empírica.

New frontiers of mobility and migrations: a theoretical-empirical analysis.

Nouvelles frontières de la mobilité et des migrations: une analyse théorique et empirique.

Natalia Ribas-Mateos1 
http://orcid.org/0000-0003-1106-4467

María-Jesús Cabezón-Fernández2 
http://orcid.org/0000-0002-7522-9147

1 Universitat Autónoma de Barcelona, Barcelona, España. E-mail: N.Ribasmateos@gmail.com

2 Centro de Estudio de las Migraciones y Relaciones Interculturales (CEMyRI), Universidad de Almería, Edificio Científico Técnico V, 1º planta, Carretera Sacramento s/n - 04120 La Cañada de San Urbano, Almería, España. E-mail: majefcf@ual.es


Resumen

Los estudios tradicionales de las migraciones suponían que los migrantes traían consigo un fuerte sentido del lugar, del territorio de origen y del territorio de destino, así como un sentido unidireccional del proyecto de retorno. Por tanto, la atual idea de movilidad no es nueva, sino distinta, por su énfasis en el movimiento vinculado a las comunicaciones a tiempo real, a la intensificación de la circulación de mercancías, así como a la información instantánea vehiculada por las tecnologías digitales. Son transformaciones de un fenómeno que han traído consigo la aparición de nuevos paradigmas teóricos. Este artículo tiene como objetivo mostrar cómo las teorías de las migraciones explican las desigualdades sociales actuales, son entendidas como nuevas fronteras de la movilidad y de las migraciones, como fruto de las nuevas dinámicas de población ligadas a la movilidad de las personas a través de dos breves casos ilustrativos.

Palabras-clave: globalización; transnacionalismo; paradigma de la movilidad; desigualdad social

Resumo

Os estudos tradicionais de migração supunham que os migrantes traziam consigo um forte sentimento do local, do território de origem e do território de destino, bem como de um sentimento unidirecional do projeto de retorno. Portanto, a atual ideia de mobilidade não é nova, mas diferente, pela sua ênfase no movimento ligado às comunicações em tempo real, à movimentação de mercadorias, bem como à informação instantânea veiculada pelas tecnologias digitais. São transformações de um fenómeno que trouxe consigo o surgimento de novos paradigmas teóricos. Este artigo tem como objetivo mostrar como as teorias migratórias explicam as desigualdades sociais atuais, como novas fronteiras da mobilidade e das migrações, resultado das novas dinâmicas populacionais ligadas à mobilidade das pessoas a partir de dois casos ilustrativos.

Palavras chave: globalização; transnacionalismo; paradigma de mobilidade; desigualdade social

Abstract

Traditional studies of migration assumed that migrants brought with them a strong sense of place, of the territory of origin and the territory of destination, as well as an uni-directional sense of a return project. Therefore, the current mobility concept is not new, but different due to the emphasis on movement in relation with communications in real-time, on the intense movement of goods, as well as in the instant information conveyed by digital technologies. These are changes in a phenomenon which have brought the emergence of new theoretical paradigms. The objective of this article is to show how migration theories explain current social inequalities, configured as new borders of mobilities and migrations, resulting from new population dynamics linked to the population mobility of people under the light of two brief illustrative cases.

Keywords: globalization; transnationalism; mobility paradigm; social inequality

Résumé

Les études traditionnelles sur la migration supposaient que les migrants apportaient avec eux un fort sentiment de lieu, du territoire d’origine et du territoire de destination, ainsi qu’un sens unidirectionnel du projet de retour. Par conséquent, l’actuelle idée de mobilité n’est pas tout à fait nouvelle, mais différente, en raison de son accent sur le mouvement lié aux communications en temps réel, au fort mouvement des marchandises, ainsi qu’aux informations instantanées véhiculées par les technologies numériques. Ce sont des transformations d’un phénomène qui a amené l’émergence de paradigmes théoriques. Cet article vise à montrer comment les théories de la migration expliquent les inégalités sociales actuelles, résultat de nouvelles dynamiques démographiques liées à la mobilité des populations à partir de deux brefs cas illustratifs.

Mot clés: mondialisation; transnationalisme; paradigme de la mobilité; inégalité sociale

I. Introducción

El presente artículo no pretende mostrar una invitación finalizada en el campo de estudio de las movilidades, sino todo lo contrario, ya que se trata de un campo en continuo dinamismo, tal y como se puso en evidencia durante la crisis pandémica del 2020 en relación a las movilidades y las fronteras. Tampoco persigue desplegar un mapa completo en el que integrar todos los posibles ejemplos de teorías que hayan trabajado la cuestión de las desigualdades sociales, como frontera a la movilidad. Lo que pretendemos aquí es analizar algunos conceptos previamente escogidos, que nos puedan servir como herramientas en el estudio de las movilidades en relación con los retos presentes y futuros que ésta plantea en el contexto de las desigualdades, partiendo de la perspectiva teórica del paradigma de la movilidad.

Ya desde el comienzo de nuestro análisis nos encontramos, por un lado, con una amplia bibliografía que alude al contexto general de las movilidades. Esta está muy aferrada a los cambios actuales en los medios de transporte (particularmente asociados al uso del vehículo), y de las nuevas tecnologías. Por otro lado, hallamos una bibliografía en auge sobre migraciones y movilidades, conectada habitualmente a los estudios sobre transnacionalismo y nuevas circularidades. De este modo, en este amplio terreno, este artículo intenta aportar un granito de arena al vacío identificado entre ambas literaturas. Aquí proponemos como posible bisagra la reflexión sobre la movilidad social desde el punto de vista de las poco estudiadas, desigualdades sociales. Unas desigualdades sociales que a la vez generan complejas dinámicas de movilidad y representan asimismo las “fronteras de la movilidad”. Este artículo, pese a ser de carácter teórico, ilustra breves propuestas empíricas, mediante ejemplos de investigaciones realizadas por las autoras.

Con el objetivo de guiar al lector a través de nuestras reflexiones teóricas, en primer lugar, partimos de la reflexión de los puntos de desconexión en la evolución de la teoría sociológica y estudio de las movilidades. En segundo lugar, revisamos la teoría transnacional aplicada a las migraciones y el paradigma de la movilidad, que han planteado una revisión del estudio de las dinámicas poblacionales. Mostraremos también sus puntos de conexión y desconexión desde el estudio de las desigualdades sociales. Finalmente, revisaremos algunos ejemplos, fundamentalmente en el espacio mediterráneo por tener mayor conocimiento de ello, de casos de movilidad y desigualdad, respecto a la feminización de las movilidades o la racialización de las fronteras. Acaba el artículo con reflexiones de futuro, en parte planteadas por la época de la pandemia y la post-pandemia.

II. Un contexto situado en “El intervalo entre el pasado y el futuro”

La teoría sociológica clásica dominante se ha organizado alrededor del discurso de la sociedad y de las condiciones que sostienen su estructura social territorializada. Sin embargo, como señala Elias, numerosos sociólogos del siglo XX ya no piensan en la sociedad como “sociedad burguesa” o “sociedad humana”, sino como una sociedad ideal dentro del estado nación (Elias, 1978, p. 241, citado por Urry, 2000, p. 2). Ahora bien, la centralidad de esta “sociedad” territorializada, se complica a medida que las redes espaciales y las movilidades se entrecruzan a través de todo el planeta, dibujando un lugar perfilado en el sentido de Lefebvre (1991), articulado por una confluencia de redes y caminos, en una interrelación continua de movilidades y sociedades que rompe abiertamente con la teoría clásica, con el pasado.

Un segundo elemento de esta brecha entre el pensamiento teórico entre el pasado y el futuro, íntimamente relacionado con el aspecto anterior, es la crítica contemporánea al llamado “nacionalismo metodológico” (Wimmer & Glick Schiller, 2003). Este, es entendido aquí como la orientación intelectual que asume que las fronteras de un estado establecen los límites del objeto de estudio, situando al mismo nivel de análisis las sociedades y los estados en relación con los intereses a investigar. Ésta ha constituido una perspectiva metodológica de análisis de las migraciones que ha impregnado las ciencias sociales hasta el día de hoy, sobre todo en los estudios que trabajan desde el “binomio migración/integración”.

Un tercer elemento de desconexión en este intervalo viene de la mano de la consumación de otros modelos vinculados a las migraciones fordistas. El cambio del modelo fordista al post-fordista remodeló la forma de entender las migraciones debido a las transformaciones económicas, laborales y estatales que supuso; donde la política del Estado pasó de ser hospitalaria y caritativa, a ser controladora y represiva, convirtiendo la integración social en una medida residual. La aportación paradigmática de los estudios clásicos se hallaba pues en un análisis muy delimitado, enmarcado en la conceptualización lineal en el tiempo y unidireccional en el espacio de las migraciones.

Desde este cambio, la globalización económica representa una de las transformaciones más importantes en la organización territorial del poder político-económico y la actividad económica. A nuestro parecer, son las teorías sobre la globalización las que sintetizan todos los elementos distorsionadores señalados, visualizando orígenes e impulsando también, la articulación de nuevos conceptos que explican las nuevas dinámicas migratorias surgidas a partir de los cambios estructurales mencionados. Estas teorías despliegan un fenómeno social que revela una aguda fragmentación, además de una intensificación de los procesos de desigualdad, así como de inseguridad humana.

La teoría de la globalización y la teoría del sistema global representan dos aproximaciones reconocidas que explican dinámicas asociadas a los procesos de alcance global a todos los niveles sociales. La teoría de la globalización propone que lo que hoy vivimos es un proceso nuevo y totalmente diferente respecto a otros procesos históricos (como el imperialismo o la internacionalización de las economías), transformando las sociedades en algo fundamentalmente distinto a las sociedades precedentes (Ribas, 2002). Desde este ángulo, Friedman (2004) sostiene que esta teoría se fundamenta en tres procesos clave: la globalización como un proceso que se expande más allá de las fronteras nacionales, lanzándonos en un modo de vida diaspórico de los individuos y de desarrollo de una vida híper-capitalista con sus acusadas consecuencias. Estos elementos han transformado la estructura de las sociedades a partir de la década de los setenta, dando lugar a la visión de “el mundo como un todo” (Roberston, 1990), debido a la autonomía de la globalización en la creación de nuevas formas y procesos de integración, más allá de la supuesta interacción entre países. En otra línea de análisis teórico, la teoría del sistema global propone un enfoque diferente, aludiendo a la concepción del sistema-mundo. De este modo, Wallerstein (1984), destaca cómo la globalización no es realmente algo nuevo, sino de longue durée. Se trata de una fase histórica iniciada en la década de 1970, después de un período previo de globalización, que tuvo lugar en la década de 1920, seguido por un segundo periodo que comprendía hasta la década de 1950 (Friedman, 2004).

Otro eje fundamental en el estudio de la globalización es el enfoque desde el neoliberalismo. Es el que alude a la expansión del neoliberalismo, el establecimiento del capitalismo como principal sistema económico en grand parte de los países del planeta. El abaratamiento de los precios de los medios de transporte, el incremento de las conexiones internacionales gracias a los avances tecnológicos, así como las herramientas desarrolladas por el capitalismo para conseguir sus objetivos, desregulando los mercados y la fuerza de trabajo pasando de nacionales a transnacionales, han motivado también la aparición de otras razones para migrar (Robertson, 1990; Sklair, 2000; entre otros). Dentro de este debate sobre el proceso de globalización, los “globalistas” aluden a una organización global de la producción y de las finanzas (un mundo no regulado de transacciones), que tiene un impacto visible en la internacionalización del Estado: se sugiere una aceleración de la interdependencia, la acción a distancia, la compresión tiempo-espacio, transregionalismo, interconexion, así como la intensificación y aceleración de las interacciones globales. Se refieren a objetos, ideas y personas en movimiento gracias a las nuevas tecnologías, a flujos que denotan movilidad fuera de los límites nacionales. Se remiten a escenarios del “final de la geografía” y a “la muerte de la distancia”, palabras que implican que la actividad económica se está “desterritorializando”.

En este escenario, globalización y movilidades encuentran en la perspectiva transnacional, una manera más evidente de entender las conexiones entre países, familias emisoras y receptoras de remesas, de capital, objetos e información. El desarrollo del transnacionalismo durante el siglo XX se explica precisamente por los procesos asociados a la globalización, cambios tecnológicos y procesos de descolonización (en realidad, una controvertida descolonización) y nueva colonización económica. Si el incremento de la circularidad debe considerarse determinante de la migración global actual, la feminización de la movilidad internacional es otro elemento principal en tanto en cuanto cubre nuevas regiones paradigmáticas y polos migratorios que ha puesto de manifiesto la relevancia de las cadenas de cuidados frente a la perspectiva clásica, que relacionaba las dinámicas migratorias exclusivamente con las migraciones masculinas en el modelo del breadwinner. En definitiva, dinámicas que se explican a partir de los nuevos escenarios resultado del proceso de globalización en un grado u otro.

III. Elementos analíticos para el estudio de las movilidades y “La frontera de la movilidad”

En este marco visualizado, del antes y el después, de la brecha entre pasado y futuro, son tres los elementos analíticos que van a guiar la reflexión del trabajo: primero el lugar, segundo, la movilidad como recurso social y tercero, la frontera de la movilidad, es decir, la desigualdad social. Respecto al lugar, enlazamos aquí con los escritos que sugieren cómo el bloqueo, el movimiento y el significado asociado a éste, así como las prácticas de la movilidad están interconectadas (Cresswell, 2010), en el sentido que sus prácticas de subsistencia y sus relaciones sociales, encuentran un sentido conectado con el lugar. Así, el espacio se configura no como un escenario, sino como un co-determinante en la producción de la cultura y de la interacción social (Massey, 1994), o incluso valorando la interacción entre los campos, cuando el lugar del trabajo de campo no se considera una mera suma de unidades locales (Hannerz, 2004).

En segundo lugar, apuntamos a examinar la movilidad como recurso social. Destacamos aquí a la bibliografía que entiende la movilidad geográfica como recurso, un recurso para mejorar la situación social del migrante, o, en otras palabras, que sitúa la movilidad como eje central del capital social. En cierto modo, los primeros análisis de Bauman sobre la modernidad líquida ya nos indican una búsqueda contemporánea vinculada a una movilidad y no a un lugar concreto. Como señala dicho autor, “la modernidad líquida de la utopía no está asociada al tiempo, pero a la velocidad y a la aceleración” (Bauman, 2002, p. 241). Este enfoque teórico apunta a que la movilidad geográfica se ha convertido en el principal factor estratificador de nuestro tiempo, ya que la capacidad de movimiento depende de los recursos disponibles, siempre determinados por las desigualdades sociales generadas por el sistema global. De aquí se desprende la importancia de la movilidad y de la habilidad de ser móvil, como elemento determinante que configura la naturaleza de las estrategias migratorias, como señalara décadas antes Morokvasik-Muller. Dicha autora señala que más que observar las migraciones, se debe señalar el hecho de llegar a comprender cómo los migrantes se afincan hoy, o bien se “instalan en la movilidad” (Morokvasic-Muller, 1999, 2003), tratando de conseguir maximizar la movilidad con miras a mejorar y mantener la calidad de vida en sus hogares. De este modo, la movilidad se convierte en un estilo de vida, en una ocupación laboral; el hecho de dejar el hogar se torna paradójicamente en una estrategia de permanencia en el hogar, una alternativa a la emigración que nos conduce a una relación entre la movilidad y la inmovilidad.

También consideramos aquí la naturaleza circular de las migraciones. Los estudios sobre la circularidad que presentan la movilidad como recurso, tuvieron sus orígenes en el estudio de las complejidades migratorias en la región mediterránea, inspirados en los estudios de Tarrius. Este autor, utilizando su propia investigación empírica, plasma cómo las identidades migrantes no se reafirman a través de la permanencia en el lugar, sino que vienen marcadas por el movimiento, entendido como un movimiento que combina movilidad geográfica y vinculación con el territorio. De este modo, Tarrius acuña el término de “territorios circulares” para referirse a ciertos grupos de población que se caracterizan por “los movimientos, las idas y venidas, por las entradas y salidas constantes en mundos designados como diferentes” (Tarrius, 2000, p. 8). Estudios como los de Tarrius nos permiten recabar cuestiones críticas sobre el estudio de la estructura social en la migración, en conexión con las relecturas analíticas tiempo-espacio, que van más allá del espacio clásico delimitado por la soberanía nacional. En una línea parecida, Peraldi (2001), entiende que las migraciones contemporáneas ya no pueden concebirse de la misma forma que las migraciones de la época denominada como migración controlada (en términos de Sayad, 2004) y fordista. Según Peraldi, las novedosas formas de movilidad asociadas a la adaptación económica (explicitadas en sus estudios realizados en Marsella finales de los años ٩٠), muestran distintos tipos de movilidad (a veces pendular), construidas por rutas funcionales como son las rutas de peregrinaje, del comercio o de diáspora (celebraciones familiares, de cuidados, etc.).

En tercer lugar, queremos señalar cómo la desigualdad social se erige como una herramienta fundamental en el estudio de las migraciones, que nos permite reducir la brecha visualizada entre pasado y futuro, así como en la emergencia de nuevos paradigmas. Conceptos como “poder” o “desigualdad” perviven y se revisten aquí, de nuevos ingredientes. En este sentido, en estas fronteras a la movilidad desvelamos las múltiples capas de análisis que implica el hecho de estudiar las desigualdades, como las referentes al género, edad, historia familiar, clase, etnia/raza, o nacionalidad, y cómo estas múltiples categorías apuntan a procesos de desigualdad interrelacionados con procesos de movilidad e inmovilidad.

1. El paradigma de la movilidad

Sin lugar a duda, el paradigma de la movilidad que parece haberse tambaleado durante la epidemia global del Covid-19, es un claro punto de partida para poder desvelar nuestro hilo argumental. La propuesta teórica del mobility turn parte de una crítica hacia las ciencias sociales al entender que éstas han producido conocimiento desde una postura estática a la hora de estudiar los fenómenos migratorios. En oposición a ese estatismo, investigadores como Faist (2012, 2013) o Sheller y Urry (2006), entre otros, proponen nuevos métodos de investigación empírica y nuevos enfoques respecto a actores y dinámicas.

Desde nuestro punto de vista, los lugares no son los contenedores de fenómenos (desde el punto de vista del nacionalismo metodológico), si no que representan puntos de conexión a través de ligeras interconectividades que se extienden a lo largo del planeta, tal y como lo concibiera Braudel al analizar el Mediterráneo, a través del concepto de “economía-mundo”. Un concepto que ambicionaba abarcar una historia total en las condiciones del nacimiento del capitalismo, de las que se extraen las formas de interconectividad. Ante la existencia de nuevas interconexiones, el paradigma de la movilidad formula el estudio de la morfología de la movilidad per se en cuanto a la velocidad y la intensidad con la que se producen hoy, centrando su interés en cómo se transforman los descriptores tradicionales a nivel de escalas, de descentramiento de poder y de relectura de escalas (Brenner, 2000). Sheller y Urry señalan que el “giro de la movilidad” pretende estudiar las estrategias motivadas por “proyectos familiares, por ocio y disfrute, por política o protesta” (Sheller & Urry, 2006, p. 208). Una propuesta que añade al estudio de las migraciones formas de movilidad que no responden a motivaciones laborales o a las posibles malas condiciones de los países de origen de los migrantes.

Por lo tanto, la aportación clave del mobility turn es que pretende alejarse de la perspectiva estática tradicional de las ciencias sociales, mostrando una preocupación fundamental por cuestionar las divisiones y fronteras entre disciplinas, proponiendo la revisión de conceptos clásicos asociados a “lo territorial” y “lo sendentario”, preceptos que hemos visualizado como pasados, como vinculados a las ciencias sociales del siglo XX (Sheller & Urry, 2004). Bajo estas premisas, las propuestas del paradigma de la movilidad se articulan en torno a dos ejes centrales que analizan la movilidad (geográfica) en conexión con el espacio. El primer eje nos lleva a analizar las movilidades en sí mismas, reflexionando sobre la relación entre los elementos móviles e inmóviles. El segundo eje se centra en la dicotomía movilidad/localidad, ya que no debemos desconectar a las personas de los lugares, puesto que es la interconexión entre ambos la que les transforma de forma individual (Sheller & Urry, 2006).

Sin ninguna duda, el paradigma concede una atención especial al concepto de “espacio”, en vez de como se ha hecho en otros lugares, al controvertido nuevo rol del Estado, incluyendo, así como objeto de estudio, los movimientos que tienen “lugar en el mundo desterritorializado y descentralizado, sin un centro de poder y sin barreras fijas” (Sheller & Urry, 2006, p. 209). Esto supone asumir una perspectiva que rompe con la ceguera previa respecto al espacio, pues como indica Sassen (2013), al detenernos en este espacio, la atención se centra en el desfase entre el territorio y la construcción legal que encierra la autoridad territorial soberana del Estado, es decir, la territorialidad. De este modo, la finalidad analítica es revelar que el territorio no puede reducirse a un territorio nacional o territorio estatal, y que podemos otorgar a la categoría de territorio una medida de autonomía conceptual. Es decir, nos interesa ubicarlo aquí como una movilización práctica del territorio, como una capacidad compleja de lógicas de poder/empoderamiento y de reivindicación supranacional.

Por lo tanto, el espacio es entendido como un área articulada por la temporalidad y la espacialidad, el espacio es relacional, se asume en una relación en la que la temporalidad crea unas cadenas temporales, flujos, interacciones, negociaciones, cruces y encuentros, produciendo una situación social que difiere de las sociedades sedentarias con sus propias reglas y normas específicas (Tarrius, 2002). En este sentido, la temporalidad está acoplada a la idea de circularidad, creando un nuevo espacio de redes migratorias en un supra nivel llamado campo migratorio o campos migratorios; en los que las migraciones y las redes sociales son reproducidas por los migrantes. En este tipo de análisis original sobre la circularidad, la concepción de la migración circular representa un vaivén de movimientos de sujetos que re repiten de forma regular por ciertos periodos de tiempo, creando continuas formas de movimiento entre diferentes espacios y por variados periodos de tiempo, marcados por las desigualdades sociales derivadas de la situación de las diferentes áreas regionales, además de las clásicas categorías distintivas de clase social, género, edad y etnia.

Evidentemente, debemos apuntar que el paradigma también presenta sus retos de interpretación. Lógicamente, como señala Cresswell (2009), existen duras críticas hacia este paradigma, sobre todo cuando se alardea del carácter novedoso de estas investigaciones, que nos hacen pensar en una revolución repentina a partir de reconocer la “novedosa” existencia del paradigma de la movilidad. A nuestro parecer, se trata de unas críticas parecidas a las que realizaban ya hace años los anti-globalistas, y en las que podemos encontrar algunas herramientas útiles para pensar y solventar nuestros trabajos de investigación. Para abordar estas cuestiones, Cresswell nos remite a:

  • prestar atención al contexto histórico. Pensemos en los trabajos de la Escuela de Chicago, las desigualdades en la movilidad no son nuevas, o revisemos posiciones como la del turista, el globetrotter, el hobo de entonces, que se convertían entonces en iconos de la modernidad;

  • prestar atención a la movilidad y a su compleja conexión con la proliferación de fronteras, la intensificación de su securitización y el control (está realmente relacionado con el gran debate actual sobre el border-security complex y con debates más recientes sobre el control de la pandemia y el afianzamiento de las formas de control);

  • recabar en la estructura de poder subyacente a las movilidades contemporáneas que se despliegan en diferentes escalas, donde las prácticas de la movilidad están y estaban insertas en una jerarquía social diferenciadora de poblaciones. Estas críticas apuntan directamente a nuestro objeto de reflexión que es el papel que juegan las movilidades en la perpetuación de las desigualdades sociales.

De ahí, desde este último punto, es desde donde surge nuestra línea argumental más clara, intentar comprender la concepción de la movilidad social contemporánea, desde la frontera misma de las movilidades, del corazón de la desigualdad social. El análisis del contexto global en el tema fronterizo recurre repetidamente a las metáforas de la apertura y cruce, circulación espacial de capitales y de cierre de ciertas categorías de personas. Sin embargo, en pocas ocasiones, los estudios incurren en recapacitar sobre los efectos de la movilidad y del cierre, como resultado de un terreno desigual del mismo sistema capitalista. Pensando en investigaciones concretas, un ejemplo que clarifica nuestra propuesta es el trabajo de Heyman (2011), que alude a los puertos - ports of entry - de las fronteras de Estados Unidos, como puntos-nodos del sistema mundial. Desde su punto de vista, el mundo global no consiste simplemente en un terreno abierto, sino más bien en un puzle de terrenos desiguales, marcado por el complejo patrón de maniobras que ponen en marcha los que cruzan las fronteras y los controles del estado; un puzle que nos proporciona unas claves vitales sobre el making and remaking de la globalización. Las fronteras adquieren hoy unos roles extremadamente amplios, en los que el control se convierte en éticamente problemático y donde éstas se construyen en un escenario contemporáneo, filtrando a los individuos categóricamente en función de la desigualdad y el poder social.

2. El paradigma de la migración transnacional

El estudio de las migraciones que acontece entre dos o más países simultáneamente comenzó a ser abordada por la teoría transnacional de las migraciones, en general, como una parte anexada de los estudios de la globalización o como una parte central de la movilidad en la época de la globalización. Este paradigma ha evolucionado considerablemente desde su inicio, desde que investigadores como Glick Schiller et al.(1992), Levitt (2001) o Portes (1999), junto a investigadores que trabajaban en otras regiones del mundo como Goldring (1998) o Morokvasic-Muller (1999), además de aquellos que han trabajado en el área de influencia mediterránea, (con menos impacto académico), comenzaron a prestar atención a los fenómenos migratorios que mostraban cambios sustanciales en comparación con los modelos migratorios fordistas. Estos investigadores apuntan al carácter transnacional de las migraciones en el contexto de la globalidad. En uno de los estudios pioneros, Portes (1999), señala que la actividad transnacional a través de las fronteras nacionales cuenta con sus ritmos de regularidad. Además, los actores pueden ubicarse de forma distinta respecto al poder, desde los grandes gobiernos nacionales y corporaciones multinacionales hasta modestos individuos, como los inmigrantes, conectando sus redes familiares en un abanico de actividades políticas, culturales y religiosas.

Desde estos estudios iniciales, las personas inmigrantes o emigrantes se convierten en “transmigrantes” (Schiller et al., 1995), creando con su movimiento continuo, un nuevo espacio supranacional que viene a ser el escenario en el que los individuos desarrollan su día a día, de modo transnacional. En este contexto, los “transmigrantes” configuran sus áreas familiares, de negocios, de educación y en definitiva los hogares, dentro de los campos sociales transnacionales. Los “transmigrantes” o “migrantes” (Diminescu, 2009), son aquellas personas en tránsito que se mueven por trabajo, cruzando territorios, ciudades y que vuelven a su hogar o bien se mueven hacia otro lugar.

Siguiendo con este hilo conductor que nos despeja el significado de las prácticas sociales transnacionales, podemos añadir otros tipos de literatura teórica y empírica. Evidentemente, disponemos de muchas acepciones al respecto, pero podríamos aquí seleccionar una que nos concende a este artículo una línea argumental más sintética. De acuerdo con Faist (2012), las relaciones transnacionales o la transnacionalización implica la existencia de vínculos transfronterizos - tanto individuales como colectivos -, como ocurre con los migrantes, las multinacionales, asociaciones de migrantes o las comunidades religiosas, constituyendo cada uno de ellos una categoría social. La transnacionalidad denota un continuum de vínculos y prácticas transestatales, de diversa intensidad y regularidad. A su ver, el núcleo de la cuestión radica en poder visualizar cómo los lazos transnacionales son una marca de heterogeneidad social, tales como son también la edad, el género, la ciudadanía, la orientación sexual, las preferencias culturales o el uso del lenguaje (Faist, 2012).

Más allá de las prácticas podemos repensar también la noción de campo para comprender mejor nuestra idea de movilidad social en este artículo. Como apuntan Diminescu o Faist, los campos sociales transnacionales emergen como el espacio resultante de la continua producción social de los migrantes en sus dinámicas transfronterizas, rompiendo así los límites que enmarcaban el estudio de las migraciones dentro de los límites nacionales. Así completamos nuestra visión, pues esta definición incorpora la noción de “campo social” que propusiera Bourdieu, concediendo un lugar central al poder como elemento estructurador de las relaciones sociales a través de la estratificación y sistematización de la sociedad en clases. El “poder” se interpreta aquí, como el poder ejercido por las instituciones nacionales, las organizaciones y los individuos articulando así el campo [social] transnacional y su conexión con las diferentes posiciones sociales (Levitt & Glick Schiller, 2004). En esta línea de argumentación, el poder es definido por Bourdieu como una combinación de las cuatro formas de capital: capital económico, capital cultural (educación, acceso a la información, etc.), el capital social (la habilidad de conseguir redes sociales a través de las cuales obtener recursos), y el capital simbólico (el reconocimiento o reputación; Bourdieu, 1989).

Sin embargo, estos tipos de capital son más complejos de lo que uno puede primero prever en este análisis de la desigualdad. Pensemos, por ejemplo, en cómo el género corta en toda una multiplicidad de tipos de capitales acumulados como muestra Moser (2007). La primera distinción tiene que ver con la diferencia que hay entre el capital social informal a nivel microinstitucional (por ejemplo, en las comunidades y hogares) y el capital social formal a nivel del mercado, el sistema político y la sociedad civil. La segunda definición es la distinción que hay entre el capital social estructural y cognoscitivo. La primera se refiere al grado de pertenencia de los miembros y a la naturaleza de las instituciones sociales formales, lo cual se extiende más allá de la naturaleza y capacidad de las organizaciones en sí. La segunda de ellas tiene que ver con la naturaleza de las instituciones sociales informales, los valores relacionados con la confianza y la cohesión social en los hogares. Así distingue entre estos tipos de capitales: físico (infraestructura y capital del hogar), financiero, capital cultural (inversión en educación, salud, nutrición, capacidad de trabajar, formación), capital social (relaciones sociales se instituciones informales) y capital natural.

En definitiva, una de las aportaciones fundamentales del transnacionalismo es que la reestructuración social ahora está fuertemente influenciada por el proceso de globalización, por el que dichas estructuras pasan de ser nacionales a transnacionales. Por lo tanto, el poder transnacional, y con él las desigualdades sociales, pasan a reproducirse también, en un espacio transnacional el cual contiene toda una multiplicidad de tipos de capitales acumulados.

IV. Las desigualdades sociales a partir de dos perspectivas convergentes

1. Aportaciones desde el transnacionalismo

Como hemos apuntado en el epígrafe anterior, el valor heurístico del concepto de transnacionalidad considera la reflexión en torno a operacionalizar las transacciones transfronterizas de manera sistemática, en vez de añadir implicaciones potenciales para las inequidades a un distante “deus ex machina” denominado globalización (Faist, 2013), tal como ocurre con los esfuerzos para captar las formas analíticas y desgranar la globalización sobre el terreno empírico.

La teoría transnacional analiza la idea de sociedad (un ejercicio necesario después de las transformaciones introducidas por la globalización), e intenta facilitar el análisis de las estructuras de poder que legitiman las desigualdades sociales (Glick Schiller, 2004). Sin embargo, no existe tanto material disponible respecto a la producción de una desigualdad a partir de la desigualdad de los recursos (capital económico, cultural y social), estatus y poder. La desigualdad se pone en evidencia a partir de las dinámicas sobre los campos migratorios y a partir de las diferencias sobre las clases sociales, distinguiendo la clase transnacional considerada como un grupo de capitalistas, profesionales y gerentes (Faist, 2013).

Asimismo, la desigualdad de los trazos transnacionales es representada con frecuencia como “una globalización desde abajo” (Portes et al. 2003) y que suele detenerse en los estudios sobre “la élite global” (Robinson & Harris, 2000) y “los marginados”, pero que poco observan las posiciones intermedias. Estas desigualdades “desde abajo” (grassroots globalization, mondialisation par le bas), presentan además un intrincado debate respecto a cómo se ubican en relación con el transnacionalismo económico hegemónico y a las élites globales y clases gobernantes, complejizando la antigua máxima de que el capital es global y la fuerza de trabajo es local.

Asimismo, si pretendemos en este artículo un análisis crítico de la transnacionalidad, el hilo conductor nos conduce a su vez a una rápida revisión sobre el análisis de las clases sociales. Para pensar una definición sencilla y operativa respecto al capital social y la desigualdad escogeremos sólo una. Las clases se definen como grupos de individuos que comparten la misma posición social determinada por su capital acumulado. Pertenecer a una clase es una forma de articular la identidad de individuos y grupos, creando un sentimiento colectivo de pertenencia al grupo social en base a sus aspiraciones e intereses, llevando a cabo similares prácticas sociales con el objetivo de alcanzar sus metas, así con un estilo de vida concreto, aquí transnacional. En la lógica de la teoría transnacional, las clases se transnacionalizan, tal y como señala Faist y como ejemplifica Sklair (2000). Así señala que la metamorfosis de las empresas internacionales en empresas transnacionales las cuáles adaptan sus tecnologías y estructuras organizacionales a un espacio que comprende conexiones entre países o en un espacio transnacional; la aparición de “nuevas formas transnacionales de organización de la clase capitalista” (Sklair, 2000, p. 68), ocupando un lugar de supremacía respecto a los propios estados; y finalmente, el control de los medios de comunicación de masas por la clase capitalista transnacional, promoviendo el auge de una “cultura e ideología de consumo global”. De manera que la clase capitalista, ha pasado a ser la “clase capitalista transnacional”, a su vez, pasando a ser transnacionales las jerarquías de poder y con ello, las desigualdades que producen.

A nivel de las bibliografías consultadas, el estudio de las desigualdades sociales respecto al transnacionalismo europeo se ha desarrollado sobre todo por las aportaciones de la academia alemana (Beck & Grande, 2007; Dahinden, 2014), y trabajos como Anthias (2009) o Amelina (2016). Las desigualdades sociales se definen como aquellas formas de desigualdad producidas socialmente y que afectan a la posición social de las partes a comparar, o resultado de la estratificación jerarquizada, exclusión, aislamiento social y explotación, como formas sociales creadas contra la base de las narrativas de la cultura dominante (Amelina, 2016). En este sentido, los transnacionalistas estudian el proceso de dispersión de las desigualdades sociales en el escenario global, a través de las prácticas transnacionales realizadas en lugares concretos interconectados con el mundo global. Estas desigualdades están siempre presentes en las prácticas sociales, producidas por la diferencia de género, raza o etnicidad, estableciendo jerarquías de poder a nivel transnacional.

Beck and Grande (2007), categorizan diferentes tipos de desigualdades en relación con a la escala a la que se reproducen. Distinguen entre las desigualdades a escala global (desde la perspectiva universal de que todo individuo puede estar bajo la influencia de desigualdades sociales, independientemente de la posible categorización tradicional de género, etnicidad, o nacionalidad); las internacionales (la comparación de desigualdades de cada estado o país) y las nacionales. Esta distinción nos lleva a reflexionar sobre el papel de los estados como contenedores de los procesos sociales. En oposición a esta tendencia metodológica, para el análisis de los fenómenos sociales (y especialmente migratorios), algunos autores mencionados proponen el controvertido “cosmopolitanismo metodológico” con el objetivo de analizar las conexiones globales a través de las cuales se perpetúan las desigualdades sociales desde la unidad de análisis de los individuos, en vez de entre clases, en el espacio transnacional (Amelina & Faist, 2012).

No obstante, no todos los individuos tienen la capacidad de reunir suficiente capital para moverse, de ahí la frontera crucial a la movilidad. El acceso a los recursos es, en sí mismo, una forma de generar desigualdades, además, el hecho de moverse y cambiar de posición social en la sociedad de destino es otra forma de abordar las jerarquías de desigualdades en los espacios sociales transnacionales. En este sentido, la movilidad social se definiría como el movimiento de un estrato social hacia un estrato superior (ascendente) o el movimiento hacia un estrato inferior respecto al inicial (descendente).

2. Aportaciones desde la movilidad

Las movilidades de forma intrínseca representan un recurso en sí mismo (acceso a capital social, económico en otros espacios nacionales, por ejemplo) y a su vez, representan un motor generador de desigualdades sociales que atraviesan las esferas del género y/o etnia, intergeneracional o racial que dan lugar a un caleidoscopio de fenómenos de desigualdad social que emergen fruto de dinámicas de movilidad intensificadas en los últimos tiempos. Representan unas inequidades que apuntan a la necesaria reflexión sobre elementos que forman parte directa o indirecta de las movilidades como las legislaciones sobre el asilo o ámbitos de trabajo (como ocurre por ejemplo con las cuidadoras transnacionales).

Una dinámica de movilidad-desigualdad ampliamente estudiada por los investigadores/as en migraciones se hace explícita en el análisis de la feminización de las movilidades (Ribas-Mateos & Manry, 2014) situada en un mapa global: se insertan nuevas regiones paradigmáticas, se reconocen nuevos países de tránsito y de inmigración, se produce una intensificación de movilidades y de circulación, complejidad y heterogeneidad de categorías (migraciones pendulares, migraciones cualificadas) y se busca una redefinición del status de persona refugiada (violencia sexual, discriminación).

La movilidad se examina a partir de unos ejes claves de análisis (global care chains y deslocalización de servicios de cuidados, cambios tecnológicos, estrategias matrimoniales, circularidad y prácticas transnacionales, también dentro de las movilidades Sur-Sur). Esta movilidad en femenino atraviesa también la clase social y otras categorías sociales. A modo de ilustración, Kofman y Raghuram (2013) muestran como en las comunidades de expatriados que han estudiado, dominan los varones, quienes hacen sus carreras en el mundo de las finanzas, la ciencia, el management y la tecnología, mientras que muchas de las mujeres los “acompañan”, lo hacen desde la esfera reproductiva. En oposición, los hombres migrantes menos cualificados sí tienen una presencia en los trabajos reproductivos de servicios personales (Kofman y Raghuram, 2013). Las mujeres cualificadas empleadas en el sector de los servicios a su vez han sido invisivilizadas en la literatura sobre la reproducción. La contribución femenina al trabajo social reproductivo remunerado se realiza en gran parte dentro de la esfera pública (por ejemplo, en el caso de las enfermeras en Gran Bretaña), a través de entes privatizados, no gubernamentales y subvencionados públicamente (Kofman y Raghuram, 2013, p. 47).

Si la movilidad en femenino atraviesa clases sociales, también atraviesa continentes, como el africano. Lo podemos observar, por ejemplo, a partir de la emigración por etapas a través del Sáhara y dentro de África. En países como Camerún (especialmente en la región del Grassroots), y otros países africanos, los fuertes cambios sociales (cambio climático, urbanización, industrialización, escolarización de las niñas e incorporación femenina al mercado de trabajo, amplificación de conflictos sociopolíticos), explican la complejización de las configuraciones migratorias y de las formas de movilidades femeninas. Ciertos estudios (Mimche & Njoya Mama, 2013) nos hablan en relación con este nuevo escenario de mobilités réfléchies en oposición a una movilidad pasiva, la que normalmente se impone a partir del matrimonio. Lévy (2013) nos otorga otro ejemplo a partir de las migraciones de las mujeres del norte de China en París. La movilidad se entiende aquí como la transgresión de normas, y que a pesar de las fuertes dificultades con las que se encuentran, paradójicamente, hallan la libertad.

V. Dos ejemplos de “fronteras de la movilidad” en el mediterráneo

1. Los expatriados contemporáneos españoles en Argelia

Si Sklair (como hemos señalado anteriormente) utiliza la etiqueta de “clase capitalista transnacional”, autores como Castells (2000) se han referido a las clases que ejercen el poder en la era de la globalización como la “élite directiva”, para describir la migración de personas inmersas en los flujos de conocimiento, habilidades e inteligencia, transfiriendo estos conocimientos a las redes globales. Desde la antropología, el cosmopolitanismo se ha entendido como una forma de explicar la formación de las sociedades en tanto que “cosmopolis” (Hannerz, 1990), dónde los rasgos locales se mezclan con los rasgos culturales de los “otros globales” que forman parte de la cosmopolis.

Estas movilidades, que siguen hoy asociándose a esa visión “positiva” de la movilidad, encierran, por ejemplo, dinámicas de movilidad de personas trabajadoras que no se corresponden con la élite directiva ni con los migrantes sin recursos, sobre todo a partir de la época de incertidumbre y precariedad derivada de la crisis económica y social que se iniciara en 2008. Un ejemplo de ello son las personas expatriadas españolas en Argelia, que debido a la crisis han perdido sus excelentes condiciones laborales, e incluso así, deciden expatriarse a un país percibido como desconocido y culturalmente distinto del Mediterráneo, para solventar la falta de empleo en España y no en respuesta a un ethos cosmopolita (Cabezón-Fernández et al., 2021; Cabezón-Fernández & Sempere Souvannavong, 2017).

A partir de los datos cualitativos obtenidos en el trabajo de campo multi-situado entre 2012 y 2016, en el que se realizaron entrevistas en profundidad en diferentes etapas, hemos observado como las estrategias transnacionales entre España y Argelia han supuesto una estrategia para mantener la posición social en España a la vez que suponía un posicionamiento social superior en la sociedad argelina, del que se derivan desigualdades sociales respecto a la población autóctona. Se produce una transnacionalización de la posición social de los expatriados contemporáneos españoles que inician una actividad laboral en este país norteafricano, y con ella, una transnacionalización de las desigualdades sociales. Habitualmente, en las migraciones se produce “la paradoja del estatus” (Nieswand, 2012) por la que una persona migrante en el país de destino sufre una pérdida de estatus social para poder subir de posición social en la jerarquía del país de origen. Esta paradoja se puede aplicar a las investigaciones que abordan la migración Sur-Norte, Sur-Sur, o Norte-Norte en algunos casos (como el de las personas españolas cualificadas que se marchan, por ejemplo, a Reino Unido a trabajar en restaurantes o tiendas de moda en puestos que no son acordes a su formación). Sin embargo, cuando trabajamos con flujos Norte-Sur, el efecto suele ser el contrario, de manera que se mejora la posición social en el destino, mientras que la posición social en el origen se mantiene o se mejora.

A partir de este ejemplo, podemos concluir que los expatriados contemporáneos españoles en Argelia mejoran su posición social dadas las diferencias en cuando al nivel de vida de ambos países, así como a los sueldos que las personas españolas perciben, a diferencia de las personas argelinas, sobre todo, aquellas personas expatriadas de los primeros años. Esta posición superior en la jerarquía social en el lugar de destino provoca diferencias en cuanto a la creación de la identidad de las personas españolas en Argelia y su inclusión en diferentes grupos. La creación del “otro” argelino, desde esa posición superior en la escala social, provoca una atribución de rasgos de inferioridad hacia la sociedad autóctona que atribuyen a los rasgos culturales y religiosos de la sociedad argelina. De ello, se deriva que el trato con las personas argelinas por parte de los españoles sea un contacto instrumental que no busca el intercambio cultural real, sino cubrir las necesidades laborales. Unas prácticas sociales que lejos de reproducir un ethos cosmopolita, lo que reproduce son continuidades postcoloniales.

2. La movilidad en la frontera Líbano-Siria

En las antípodas de los derechos a la movilidad de los cosmopolitas se encuentran aquellas personas sujetas a todas las constricciones posibles respecto a su movilidad física, como se plasma a partir de los refugiados sirios en el Bekaa Occidental, Líbano o en otros casos extremos del Mediterráneo (Ribas-Mateos, 2021). El valle de Bekka está situado en la región de la frontera libanesa con Siria. Alberga la mayor concentración de refugiados sirios en el Líbano. Durante el verano de 2017 (estudio etnográfico), el empeoramiento creciente de las condiciones de vulnerabilidad para el desplazamiento afecta sobre una competencia por los recursos que eran ya escasos. Las condiciones de vulnerabilidad en la Bekaa Central están determinadas por el contexto de una zona agrícola, la contaminación de agua y el cierre fronterizo. Existen más de 35 áreas/pueblos altamente vulnerables en la región del Bekaa Occidental.

En este mundo de las movilidades, en una zona donde los refugiados viven múltiples y acumulados tipos de violencia, se pone en evidencia una contradicción entre el funcionamiento de control y la movilidad, los puntos de check-point a través de todo el país, la presencia constante de soldados y las personas que son constantemente registradas, y que, por consiguiente, sufren de una difícil movilidad. Las personas no pueden desplazarse de un lugar a otro libremente, la mayoría de los sirios en tales situaciones tienen miedo de pasar por los puestos de control. Paradójicamente, la movilidad de las mujeres es en principio, más fácil de lo que resulta para hombres sirios. Para ellas resulta más sencillo obtener los papeles de residencia, lo que convierte a la movilidad en más relajada ya que saben que son menos propicias de estar sujetas a control.

A esta forma de control de la movilidad en esta zona, se suman también las expulsiones de los refugiados de unas zonas a otras. Los desplazamientos forzados constituyen una forma grave de violación de los derechos humanos pues son discriminatorios (en torno a una serie de ítems como son el derecho a la vivienda o el derecho a una vivienda segura). El ejemplo más claro es la expulsión de los refugiados sirios de Aarsal durante el verano del 2017, en un proceso de desplazamiento forzoso hasta el Bekaa Occidental.

VI. Conclusiones. Pros y contras del momento actual

Por desgracia y añadiendo una mayor complejidad teórico-empírica a las movilidades, la crisis pandémica del 2020 ha tambaleado el paradigma de la movilidad y la concepción del transnacionalismo migrante que se había afianzado desde los primeros estudios de Alejandro Portes en los años 90. En cierta manera, ser móvil ha significado ser más vulnerable, estar mucho más expuesto (Lin & Yeoh, 2020); el bloqueo a la movilidad también se ha vuelto a pensar como un atributo autoritario del Estado Nación. A pesar de todo, la revisión que hemos propuesto a nivel teórico y empírico no pierde realmente toda su vigencia ni creemos que lo perderá en el futuro próximo, sino al contrario, para nosotras, son los cimientos de un gran debate sobre la desigualdad social. De hecho, observamos cómo las trabajadoras temporeras marroquíes en Huelva (sur de España) estuvieron bloqueadas en territorio español sin poder retornar a su país durante el verano de 2020, mientras que en el terreno europeo se negociaban semáforos para la movilidad orientada a los negocios y el turismo.

En este momento final, nos volvemos a preguntar sobre el impacto de las múltiples formas de movilidad (desde la intensificación del transporte, la comunicación, la comunicación digital, las tecnologías biométricas), que acompañan a la expansión del capitalismo neoliberal en el mundo. En dicho impacto, las cuestiones relativas a la movilidad han conseguido ocupar un lugar neurálgico que abarcan una multitud de campos, desde el recrudecimiento del control fronterizo hasta las formas de gobernanza en el comercio internacional.

En cierto modo, la imagen de la movilidad como un acto positivo ha comportado una conceptualización que se nos presentaba también a nosotras mismas como sencilla. Es decir, se entendía como un proceso en la que los individuos querían participar en una modernidad (asociada a la movilidad), promovida por los medios de comunicación y los discursos políticos. No obstante, esto acontece en un contexto en el que la migración habitualmente se identifica con las poblaciones de países del Sur Global que se mueven hacia la Unión Europea (por ejemplo), mientras que la movilidad se asocia a los ciudadanos de la Unión que se mueven hacia el extranjero. De hecho, el término “movilidad” se ha convertido en un término favorable para los políticos ya que representa movimiento, pero no asentamiento (en teoría), dejando de lado así los discursos sobre posibles fugas de cerebros, las migraciones cualificadas o el fallo del estado para satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos, como el empleo. Si nos percatamos de las diferenciaciones en la construcción de redes, muchos autores hacen hincapié en este hecho como ímpetu en las movilidades actuales. Así, por ejemplo, el acceso a las redes transnacionales y al recurso de la movilidad ha pasado a ser central en las estrategias de respuesta de los refugiados. Nuestra larga teorización ha llegado también a señalar casos extremos de las movilidades contemporáneas y su frontera de desigualdad: una clase media empobrecida en un viaje Norte-Sur, una clase de refugiados azotados por la guerra en un viaje Sur-Sur. Son ejemplos de cómo las movilidades afectan múltiples tipos de desigualdades mostrando grandes polarizaciones de las movilidades actuales.

No obstante, muchas cosas no han cambiado. Si atendemos al tándem que se utiliza últimamente, migraciones y movilidades, podemos hallar buenos ejemplos. Según Fassin (2011), las políticas de inmigración son un caso ejemplar para poder visualizar el rol del estado ante las movilidades (y a su vez desigualdades), pues el Estado despliega su poder en los segmentos más periféricos de la población y en sus fronteras. En consecuencia, es una expresión en la que vemos como el campo de las migraciones se ha resistido ante los estudios de la globalización que abogan por el declive del Estado Nación y ante los críticos del nacionalismo metodológico. La construcción del inmigrante irregular resta aquí, también paradigmática, pues se construye a partir de este no reconocimiento desde el Estado Nación, que es precisamente lo que le concede una marginalidad contemporánea. Otro punto de crítica es para muchos autores, y faltaría tiempo para este debate, sobre la ambigua periodización que se establece entre “antes” y “ahora”, tanto en el estudio de la globalización como en el estudio de las movilidades y las migraciones trasnacionales.

Parece ser que el transnacionalismo migrante no ha sabido todavía confrontarse a una hipótesis alternativa a la avanzada por Arendt (2004), hace más de un siglo. De todos modos, el momento actual tampoco es idéntico al del momento arendtiano, pero la presencia de 20 millones de refugiados en el mundo y de las grandes bolsas de trabajadores irregulares con derechos muy limitados, siguen articulando formas de resistencia a las demandas de reconocimiento muy parecidas a las de época de Arendt, y por tanto no tan novedosas como sugieren los teóricos del transnacionalismo. Es más, parece ser que a largo plazo se seguirá desarrollando fuertemente la maquinaria de control de los estados respecto a las movilidades de poblaciones.

Son muchos los incisos analizados sobre el carácter de la desigualdad social que viste y desviste la movilidad contemporánea. Desde el ejemplo de los filtros fronterizos hasta la actualización de la cuestión de la estructura de poder de Bourdieu, desde la emergencia de nuevas movilidades en el Mediterráneo (desde los españoles en Argelia hasta los sirios en el Líbano), etc. Todos estos ejemplos puestos sobre la mesa nos han permitido reflexionar de nuevo sobre qué tiene de nuevo el paradigma de la movilidad y que guarda de viejo la desigualdad social, que aporta de nuevo el transnacionalismo y que no.

Contribuciones de los/las autores/as

Natalia Ribas-Mateos: Conceptualización; Metodología; Análisis formal; Investigación; Recursos; Escritura - original preparación del borrador; Redacción - revisión y edición; Supervisión. María-Jesús Cabezón-Fernández: Conceptualización; Metodología; Análisis formal; Investigación; Recursos; Escritura - original preparación del borrador; Redacción - revisión y edición; Supervisión.

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Recibido: 01 de Marzo de 2021; Aprobado: 13 de Marzo de 2021

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